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Porque podemos, somos capaces, luchamos, reímos, sufrimos, avanzamos, superamos, alcanzamos, sentimos...En definitiva, vivimos!

Pero sobretodo: compartimos... Eh ahí el objetivo del apartado, recopilar y compartir todas aquellas experiencias que, para muchos, son ejemplo de superación y, para otros, el logro de la igualdad de calidad de vida.


 

Aqií os dejo una entrevista de  

María Isabel Vidal, licenciada en Turismo y Filología Inglesa con un 91% de discapacidad. María Isabel Vidal cursó su Erasmus en la Universidad de Northumbria, en Inglaterra, en 2010. Esta joven licenciada, con un 91 por ciento de discapacidad, compartió esa experiencia con estudiantes de ese programa de movilidad internacional de universitarios durante unas jornadas de sensibilización sobre discapacidad organizadas por Fundación ONCE y la Federación Erasmus Student Network España (ESN-España).
Esta joven, nacida en Andújar (Jaén) hace 29 años, ha estudiado dos carreras universitarias, Turismo, de 2003 a 2006, y Filología Inglesa, de 2008 a 2013. También cursó el máster de Desarrollo Profesional de la Universidad de Alcalá de Henares y Fundación Universia en 2014, según explicó a 'Perfiles', revista de actualidad sobre temas sociales que edita la ONCE.
Su discapacidad –tiene movilidad reducida debido a una enfermedad congénita que afecta a extremidades superiores e inferiores– no le ha impedido lograr buenos resultados académicos. Su amplia formación se completa con un Erasmus, que le "dio el 'empujoncito' en inglés que necesitaba", dice María Isabel, una experiencia que compartió con un centenar de alumnos de toda Europa de ese programa de movilidad internacional de universitarios, durante una jornada de sensibilización organizada por Fundación ONCE y la Federación Erasmus Student Network España (ESN-España) en Madrid, donde esos estudiantes conocieron de primera mano cómo realizan las tareas cotidianas sus compañeros con discapacidad.
Ahora, esta joven andujareña está realizando el Máster de Enseñanza Secundaria Obligatoria, en la especialidad de inglés, que terminará el próximo mes de julio, y lo compagina con su trabajo en el Departamento de Internacionalización de la Universidad de Jaén, ayudando con todo tipo de trámites a alumnos de Erasmus que vienen a a estudiar España.
ERASMUS ACCESIBLE
María Isabel destaca la accesibilidad de la Universidad de Jaén y de la Northumbrian University de Newcastle, donde estudió durante su Erasmus, ya que “están superpreparadas”, dice, para personas con una gran discapacidad como la suya: tiene un grado del 91 por ciento, se desplaza en silla de ruedas eléctrica y necesita ayuda en muchas de las tareas cotidianas, como ducharse o comer.
En Jaén le tramitaron la financiación que ofrece la Unión Europea para que un voluntario acompañe al estudiante universitario con discapacidad que lo necesite, y le ofrecieron facilitarle esa persona desde su oficina de voluntariado. En su caso no hizo falta, porque “fue un amigo de la carrera, ya que también puede ser voluntario alguien que conozcas y esté interesado”, comenta.
“Mi universidad se encargó de hacer todos los trámites y cubrir los gastos que no contemplaba la financiación europea”, explica. De ese modo su acompañante tuvo cubierto el coste del vuelo, el alojamiento y “además recibió un sueldo de 500 euros al mes y dinero de bolsillo. También aprendió inglés, podía asistir a las clases a las que yo iba, y obtuvo un diploma de idiomas para acreditarlo”, añade.
En la Northumbrian University, “todas las mesas estaban adaptadas y podía sentarme en cualquier sitio. La residencia en la que me alojé en el campus también era completamente accesible, tanto las habitaciones como todos los espacios comunes”, agrega.
Además, cuando llegó, tuvo una “entrevista muy detallada” en la oficina del estudiante con discapacidad del centro docente británico en la que le preguntaron las adaptaciones que precisaba. “La única que necesito es un poco más de tiempo para realizar los exámenes, pero yo escribo con la boca y estoy acostumbrada a coger mis apuntes. De hecho, mi ordenador portátil no está adaptado, tecleo con un bolígrafo que utilizo con la boca”, comenta.
En opinión de María Isabel, la baja movilidad internacional de los universitarios con discapacidad españoles podría deberse a que “están acostumbrados a su ambiente de familia, amigos, estudio y a lo mejor no se atreven”. También reconoce que puede haber “algo de sobreprotección de sus familias”. No ha sido su caso, puesto que “desde pequeña me han enseñado a valerme por mí misma”.
En julio, esta vital joven inicia una nueva etapa en Madrid, donde la Fundación ONCE le ha ofrecido una beca en prácticas para trabajar en la cadena de Hoteles Confortel durante seis meses. También ha puesto a su disposición un piso con un alquiler reducido, donde vivirá durante ese tiempo con su marido, un experto en energías renovables de Sri Lanka al que conoció durante su Erasmus.
EDUCACIÓN DE CALIDAD
“Desde Fundación ONCE tenemos el objetivo ambicioso de promover la educación superior de los jóvenes con discapacidad y, sobre todo, fomentar una educación de calidad que les permita una inserción laboral con las máximas garantías de acceder a empleos de calidad y de alta cualificación”, señala Isabel Martínez Lozano, comisionada para Universidad, Juventud y Planes Especiales de esta entidad.
“Creemos que este objetivo es algo a lo que no podemos renunciar porque la inclusión pasa precisamente porque en esta sociedad del conocimiento, que cada vez requiere más empleos cualificados, nuestros jóvenes no se queden atrás”, añade
Por eso, “el mayor consejo que damos a estos jóvenes es que no se pongan límites en su formación, porque en el futuro el nivel de exclusión va a venir determinado, mucho más que por discapacidad, por el grado de formación. No queremos que estos estudiantes renuncien por su discapacidad a una formación de élite, a poder tener un nivel más alto y alcanzar la excelencia”, concluye Martínez.

Nada más nacer con una discapacidad ya nos etiquetan de diferentes, donde a ojos de los propios médicos incluso pueden decir que seremos como vegetales, proyectando a la familia un dolor sumativo al que ya conlleva haber tenido un niño con problemas.

Ese: "no podrá hacer ni ser nada” va penetrando en nosotros como estímulo negativo desde el primer minuto que se dan cuenta que tenemos una discapacidad (a veces ésta por propia negligencia de los médicos). Pero aun así salimos adelante, con ayuda de la familia pero sobre todo por nosotros mismos, nos aferramos a la vida, luchando por progresar. Puede que inconscientemente notamos que no somos iguales que el resto y queremos serlo, por eso se nos crean unas necesidades y motivaciones que nos impulsan a superarnos día a día.

Expectativas generadas por y desde nuestro entorno con el propósito de estimular nuestro desarrollo, recibimos estímulos externos, quizás más constantes que un niño sin discapacidad, que nos hacen esforzarnos para conseguir aquello que queremos. Puede que lo primero sea alcanzar un juguete volteando o gateando, pero eso ya ha representado que si queremos, podemos.

¿Qué quiero decir con eso? Que los logros se consiguen del esfuerzo, éste de la motivación que es dada por las expectativas, las cuales se identifican en pensar en aquello que lograremos si realizamos tal cosa.

Como vemos, nuestra conducta no varía del resto de mortales, tan sólo puede cambiar la manera de ejecutar la acción. Pero si el objetivo motivador es llegar a un juguete, que más dará cómo llegar, volteando, gateando o arrastrándonos hemos conseguido llegar a aquello que queríamos. Lo mismo ocurre con el resto de objetivos que nos propongamos en la vida, siempre que sean metas alcanzables según nuestras posibilidades funcionales.

¿Cómo vamos logrando estos propósitos propuestos? Buscando nuestras propias estrategias, surgidas de nuestra experiencia, de las necesidades y de todo lo mencionado anteriormente. Es el círculo conductual de cualquier persona, que le lleva a conseguir aquello que quiere.

Por lo tanto, ¿quién determina qué sería y hasta dónde llegaría una persona con diversidad funcional? Pues como cualquier otra, todo el círculo conductual de la misma.

Lo importante es querer, el “cómo” surge de ti.

El horizonte con una mano abierta y una frase que dice:  Muchos de nuestros sueños parecen primero imposibles, luego parecen improbables, y luego, cuando sumamos la fuerza de voluntad, pronto parecen inevitables.-Christopher Reeve.

Ejemplos de que sí se puede:

Vuychich Nick nació con Tetra-Amelia - una rara enfermedad hereditaria caracterizada por la falta de las cuatro extremidades en la persona que la padece. A los 10 años Nick trató de ahogarse en la bañera, no quería seguir siendo una carga para su familia. Ahora Nick es uno de los oradores motivacionales más famosos y populares en el mundo, tiene una hermosa esposa y un hijo. Su propia existencia da esperanzas de una vida "normal" a miles de personas.


Jessica Long nació en Siberia y fue adoptada por una familia norteamericana cuando tenía 13 meses. Debido a una hemimelia fibular, nació sin los huesos de la espinilla y de los pies, le amputaron las piernas por debajo de las rodillas a los 18 meses de edad. Aprendió a caminar con prótesis y practicó varios deportes, pero donde sin duda ha destacado a nivel mundial es en natación.  Ha ganado 12 medallas de oro y posee el récord mundial paralímpico de atletas sin piernas.

Claudia Tecglen tiene 28 años, tiene parálisis cerebral con espasticidad, es fundadora y presidenta de la Asociación Convives con Espasticidad, estudia Psicología en la Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED) y en 2012 recibió el premio “Jóvenes Emprendedores Sociales”, concedido por la Universidad Europea de Madrid.

 

Helen Keller quedó sorda y ciega a causa de una enfermedad cuando tenía 19 meses de edad. Llegó a desarrollarse culturalmente y ser una escritora y conferenciante pública mundialmente famosa.

 

Susana Rodríguez compite en la categoría Tri6 para deportistas con déficit visual grave acompañada de su guía Mayalen Noriega y a sus 26 años atesora un gran palmarés adornado con varias medallas de oro internacionales: fue campeona mundial de paraduatlón en 2011 (Gijón) y en 2012 (Nancy, Francia). En 2012 también se proclamó en Auckland campeona mundial de para triatlón categoría Tri6 y fue subcampeona mundial en 2013 en Londres. No sólo es una gran deportista, ejemplo de lucha y superación, es también una brillante estudiante, graduada en Fisioterapia en 2009 y que actualmente está en 5º curso de Medicina, trabajadora incansable que exprime los días para compaginar deporte y estudios y que ha sido distinguida con el Premio Gallega del Año del mes de Febrero por el Grupo Correo Gallego

 

Berta Tarrida es, con 15 años, una de las mejores jugadoras de la selección española de hockey patines que se proclamó subcampeona de Europa en Alcorcón (Madrid) y una de las máximas goleadoras del torneo con siete tantos. Es sorda, lo que ensalza más si cabe el tesón y la actitud de Berta.

 

Lorena Bogado, tiene 26 años, tiene parálisis cerebral motriz severa y es escritora, ha publicado 2 libros.

 

Con estos ejemplos se demuestra que si se quiere y se dan oportunidades, se puede!

Firmado: PsicoVan, parálisis cerebral a nivel motriz, licenciada en psicología clínica y social, técnica superior en integración social y formadora de formadores.

Vanessa Fuentes

 

Hoy quiero hacer llegar un artículo de Rocío, una chica con parálisis cerebral, trabajadora social y que nos permite transmitir una experiencia vivida por unos pocos y desconocida para muchos.

A través de su relato nos podemos identificar en la lucha constante por ser uno más.

Debo decir que soy la primera en sentirme identificada con su relato, obstáculos y peripecias por ser una más. Pienso que a través de vidas compartidas, podemos ayudar a personas que empiezan el camino, para que se sientan comprendidos, ayudados y tengan fuerzas de luchar por una meta.

Una meta común y diferente a la par, donde convergen el deseo de la inclusión y la barrera de la sobreprotección, ya no sólo familiar sino social. Un camino quizás difícil que con las palabras de Rocío puede ser más llevadero y crear energía y fortaleza para ser, como ella dice uno más.

 

Mi lucha o más bien la de mi familia, ya que yo en ese momento era muy pequeña comienza cuando tengo que empezar a ir al colegio, las personas que me valoran se empeñan en que debo ir a un colegio de educación especial en lugar de a uno de integración después de mucho pelear y gracias a que hablé entré en el colegio.

Cuando termina el colegio empieza el instituto nuevas dificultades como por ejemplo: como coger apuntes unas veces te los pasan los profesores, pero otras eres tú misma la que tienes que hablar con ellos para pedírselos o pedírselos a los compañeros, quizá esta fue mi primera forma de aprender a pedir ayuda.

Acabada esta etapa otra vez a pensar que hacer, tengo muy claro que quiero seguir estudiando, aunque mi idea es hacer bachillerato el equipo de orientación del instituto dice que no tengo capacidad para ello, y me aconsejan que haga un grado medio de comercio, termino el ciclo y sigo convencida de que quiero hacer el bachillerato, y me matriculo a pesar de que mucha gente se negaba. Es verdad que me costo un poco,  pero al final lo consigo terminar.

A continuación quiero hacer integración social me matriculo en un centro donde me niegan la plaza alegando que hay contenidos que no puedo aprobar debido a mi discapacidad, tras un año sin hacer nada me matriculo en otro centro donde no había ascensor y traen de otro centro un salva escaleras y cuando me voy del centro ponen el ascensor.

A continuación me matriculo en la Uned en trabajo social en 2010 termino mi carrera, al poco tiempo y gracias a un convenio que firma la Federación Castellano Leonesa de parálisis cerebral encuentro mi primer trabajo, estuve durante un año trabajando en la Junta de Castila y León como auxiliar administrativo.

Actualmente soy miembro de la junta directiva de Aspace Valladolid, aunque llevo implicada en el mundo asociativo de la discapacidad desde los quince años, porque creo que somos nosotros mismos los que debemos defender nuestros derechos y demostrar que con los apoyos necesarios podemos formar parte de la sociedad. 

Rocío Molpeceres Olea

Una entrevista del Pais que muestra que tenemos las mismas inquietudes y preferencias que todos:

Elena llega con minifalda, luciendo piernas. «¡Qué difícil aparcar por aquí!», comenta. Con su acreditación como parapléjica puede estacionar en zonas azules, verdes y de carga y descarga, pero el tráfico hoy es intenso. Justo Raquel, que había entrado unos minutos antes por la puerta del estudio, comentó lo mismo. Pero la primera en aparecer fue Sarai, quien optó por el transporte público. Cogió el tren en Sant Cugat del Vallés (Barcelona) con su novio José Marí, también paralímpico, y que, como ella, vive en el Centro de Alto Rendimiento de esa ciudad. Esperamos a Loida, la extremeña que trasladó su residencia a Oviedo para estar más cerca de su entrenador. «Me he levantado a las cinco de la mañana y he conducido en mi coche hasta el aeropuerto; el avión salía a las ocho de la mañana», explica. Para ser un grupo de personas con movilidad reducida, la primera impresión que me dan es que se mueven mucho más que la media de los individuos que conozco.

Estas cuatro deportistas paralímpicas son totalmente independientes, no llevan lastre y viven sin complejos. «Cuando alguien me pregunta si desearía tener las dos manos, siempre respondo que no», explica Sarai. «Todo lo que tengo lo he conseguido a raíz de mi discapacidad. ¿Por qué debería querer cambiarlo?». «La mente es lo importante», apunta Raquel. «Cuando voy andando, a no ser que me caiga (que me ha ocurrido alguna vez), ni me doy cuenta de que me falta una pierna». Loida también piensa en positivo: «La discapacidad me hizo valorar las cosas que aún tenía». Y Elena lo resume todo con esta frase: «Para mí el accidente ha sido una bendición porque por fin he podido disfrutar de la vida, cosa que antes no hacía».

Han coincidido en las Paralimpiadas de Pekín 2008 y Londres 2012 (Loida y Elena hasta compartieron piso en esta última). «Tener la oportunidad de asistir a un evento de estas características es algo único», comenta Sarai. «Recuerdo la primera vez que salí a nadar en China y vi las gradas llenas. Tenía 15 años y gané una plata. Conseguir algo por lo que has luchado tanto te llena de una alegría inmensa». Aquel traje de baño, largo hasta el tobillo, que tardaba en ponerse más de media hora, ya no se utiliza. «¡Menos mal! Ahora lo han cambiado y llega solo hasta la rodilla». Y es que a estas chicas también les interesa (y mucho) la moda, tanto dentro como fuera de sus espacios de entrenamiento y competición.

¿Cómo vivieron la polémica de los uniformes olímpicos españoles, diseñados por la firma rusa Bosco Sports?

ELENA: Debo reconocer que el equipamiento era más feo en las fotos que una vez puesto. Y en Londres… ¡tenía éxito! El último día, una voluntaria me pidió que le cambiara mi chaqueta por la suya. Me hice de rogar, pero ¡se la cambié encantada!

SARAI: Era alucinante porque la gente compraba las chaquetas por 150 euros. Sí, tenía su público.

LOIDA: Los pantalones me resultaban incómodos, las hechuras estaban mal hechas y el tallaje era poco apropiado.

Sin duda, estos han sido los Juegos Paralímpicos de las manicuras artísticas. ¿Se animaron a lucirlas?

S.: Cuando voy a competir me gusta ponerme uñas de porcelana. Fui a Londres con la manicura hecha y mis dibujos, pero me rompí una justo antes de la competición, ¡qué rabia!

Es habitual ver a las atletas llevar algún que otro accesorio durante las competencias. ¿Es coquetería? ¿Son amuletos?

E.: Siempre compito con pendientes. No sé ir sin ellos. También suelo llevar el colgante que me regaló una amiga.

Raquel: No salgo a la pista sin mi pendiente pirata y mi colgante porque representan el espíritu del club al que pertenezco, el Génesis. Juanjo Méndez, su presidente, y Bernat Moreno, mi entrenador, han establecido una filosofía combativa que incita a luchar hasta el final. Somos el Pirata’s team y la calavera es nuestro símbolo.

L.: En halterofilia no nos dejan llevar nada, ni joyas ni bisutería. Pero yo sí tengo un amuleto: una foto de mi madre con una nota que me escribió. La llevo en la cartera, y siempre que compito intento tenerla lo más cerca posible.

Tienen claro cuál es su estilo, y se lo hacen saber al estilista, pero durante la sesión de fotos se atreven a cambiar los códigos. Antes de posar, Loida saca su móvil, se mira en una aplicación de efecto espejo y da su aprobación al look escogido.

Cuando cuelgan el chándal, ¿qué prendas les gusta llevar?

E.: Soy clásica. Me gusta ponerme camisa, falda corta y medias porque creo que tengo las piernas bonitas.

R.: Cuando trabajaba solo como arquitecta técnica mi fondo de armario era más formal y predominaban las chaquetas y las camisas. Ahora apuesto más por un estilo casual, con vaqueros. Elijo colores oscuros: marrones o negros, pero empiezo a introducir color (naranjas, verdes…). He hablado mucho con mi ortopeda para conseguir una prótesis cómoda, que se note lo menos posible bajo el pantalón, que es la prenda con la que mejor me siento. La que llevo ahora es magnífica porque me la pongo y puedo vestirme con ella. Además, doy juego al pie mediante un botón; antes tenía que llevar la llave Allen en mi neceser de maquillaje para ajustar el pie.

S.: Con las horas de entrenamiento que tengo al día, no puedo plantearme estar guapa 24 horas. Por eso aprovecho el fin de semana para arreglarme con minifalda y taconazos.

L.: Soy siniestra, visto de negro desde los 14 años, con vestidos cortos y ajustados. Me parece elegante y lo más cómodo. Si la prenda es ancha, puede colarse por debajo del guardabarros de la silla o me la tengo que ajustar bajo las piernas, porque seguro que me sobra mucha tela. Si tuviera las piernas tan bonitas como las de Elena –que le quedaban bien hasta los pantalones de Bosco– sería distinto, pero como las tengo tan delgaditas prefiero ponerme medias y botas.

¿Les cuesta adaptarse a la rapidez de las tendencias?

R.: Me encanta la moda y saber quiénes son las modelos que destacan, pero hay que ser realista y adaptar las tendencias a una misma. De todos modos, a mí no me importa transgredir: en verano llevo pantalones pirata y se nota que una de mis piernas es ortopédica, pero no lo oculto.

S.: La moda me apasiona. Y estoy encantada de que esta revista haya pensado en esta sesión, porque no es lo habitual.

L.:
La moda ayuda a crear un estilo, pero la personalidad es determinante. Estoy segura de que cualquiera de nosotras puede tener más éxito con un chico que una mujer que camine, sea guapa, pero no transmita carácter alguno.

Elena intenta ponerse unos zapatos de tacón de Ursula Mascaró. «Le tengo mucho cariño a la firma porque mi tío fue comercial y me habló siempre muy bien de ella», confiesa. No le entran, a pesar de los esfuerzos. «No me duele, tranquila. Son una talla menos. En fin, había que intentarlo…», explica. «Este tampoco me duele», comenta entre risas Raquel, señalando su pie ortopédico.

E.: Mientras se me vean las piernas, yo estoy contenta. Los zapatos de tacón me gustan pero no me los pongo a diario porque es incómodo llevarlos con la silla, necesitas estar muy pendiente para que no se te doble el pie. Con la paraplejia las piernas se atrofian y punto.

R.: Me gustan los tacones, pero suelo comprar más calzado deportivo. Mis tacones de cuatro centímetros, el máximo que me resulta medianamente cómodo, los utilizo en situaciones muy especiales y por poco rato.

S.: En las dos últimas semanas me he comprado tres pares de zapatos. Tengo muchos, pero si veo alguno que me gusta no puedo evitar hacerme con él.

L.: Mis botas de media caña son mi uniforme, me encantan. Me dan entidad. En mi día a día no uso tacones, pero hay otras ocasiones en las que no lo dudo.

Rampas en las puertas de acceso, alturas de las perchas a su alcance, probadores amplios con llamadores de emergencia o barras de apoyo, mobiliario anclado a la pared… Las tiendas con accesibilidad universal son en nuestro país prácticamente inexistentes (el proyecto For&From del Grupo Inditex, que apuesta por la integración laboral de personas con discapacidad, es aún un fenómeno minoritario). Ir de compras puede ser toda una carrera de obstáculos para estas mujeres.

No debe de ser fácil ir de tiendas…

E.: Recuerdo bien la primera vez que entré en Zara con la silla de ruedas. Cogí un montón de pantalones y me fui al probador. Tardé mucho tiempo, sudé tinta al probármelos y provoqué una larga cola. Fue un poco decepcionante porque vi que me costaba mucho. Pero ahora ya no me pasa. Suelo ir sola a comprar, lo prefiero. Sé perfectamente lo que me sienta bien y no necesito a nadie que me dé su opinión. Voy mucho a Zara y Mango. En general escojo aquellas tiendas que tienen prendas que me gustan; no miro su  accesibilidad, la verdad.

R.: No soy impulsiva, pero tampoco me gusta ir a comprar. Así que si paseo, veo algo y lo necesito, me lo compro. Me gusta la ropa de Desigual.

S.: ¡Uf! Yo, todo lo contrario. Cada día echo un vistazo a las webs de moda y en mi tarde libre siempre voy de tiendas. La ropa es mi perdición. También cotilleo y compro mucho por Internet. Se encuentran buenas ofertas de otras temporadas.

L.:
Voy de compras acompañada, aunque lo mío va rápido: voy directa al vestido negro y corto.

¿Les molesta que las miren por la calle?

E.: La gente va a mirarte, te moleste o no. Así que mi filosofía es: ¡Ya que llamo la atención, voy a lucirme! Me encanta gustar y que puedan pensar que soy una chica atractiva.

R.:
Las miradas de la gente van directas a mi pierna, pero ni me molesta ni me condiciona. De hecho, yo centro la atención en otros puntos de mi cuerpo. Me gustan los escotes.

L.:
Te acostumbras. Antes era más inocente y quizás podía afectarme, pero ahora sé también que si me mira algún chico quizá no sea solo porque voy sentada en una silla. Procuro destacar todo lo que puedo.

 

Fuente: Elpais: http://smoda.elpais.com/articulos/mujeres-muy-capaces/2808

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