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A menudo se relaciona la soledad como algo negativo, triste o poco deseable. Sin percatarnos que, como todo, es un estado, situación o, incluso, actividad que nos puede dar beneficios si la utilizamos de forma moderada.

Y es que, evitando por supuesto el aislamiento, la soledad como actividad activa, nos puede ofrecer cosas positivas como veremos, pero, sobre todo, nos puede ayudar a conocernos mejor a nosotros mismos.

ventana con paisaje

Si bien es cierto que las personas que necesitamos de terceros para nuestro día a día podemos llegar a percibir la soledad como un estado frecuente en nuestra vida que puede llegar a ser triste en algunos momentos, debido que a veces no podemos salir o hacer lo que queremos, hace que, aunque estemos siempre con nuestros más allegados (cuidadores), nos podemos sentir solos. Debemos aprovechar esa soledad e incluso pedir ese tiempo con nosotros mismos, sin familia ni cuidadores, para conocernos, encontrarnos y, poco a poco, encontrar en esta solitud, la felicidad en nuestro yo.

Quizás suena a aburrido y triste, ¿verdad? Pero en vez de pensar: “que desgraciado/a soy, que no puedo salir y divertirme como los demás.” Por qué no nos preguntamos: ¿la felicidad sólo se encuentra fuera, acompañado/a? ¿Por qué no hallar esa “Felicidad” en uno mismo?

En realidad, la felicidad es un bienestar interno, que con frecuencia olvidamos encontrar precisamente en nuestro interior. Esto puede sonar romántico, cursi, ñoña… ¿Pero os habéis parado a pensar que podemos hacer cuando estamos solos y los beneficios que puede comportar esto?

Más allá de fustigarnos con el: “¿Por qué a mí?” etc.…  que ese lamentarnos nos va a servir de poco, debemos ser activos ante los momentos de soledad para conseguir beneficios como:

  • Saber regular nuestras emociones. Tiempo para pensar cómo nos sentimos y por qué.
  • Evitar apegos emocionales y aprender a disfrutar de nosotros mismos, de pequeños hobbies como escuchar música, leer, escribir…
  • Esto nos ayudará a conocernos aún más y a saber lo que queremos y lo que podemos hacer, sin fustigarnos.
  • Lo que hará que seamos personas más autónomas emocionalmente y nos ayudará a establecer mejores vínculos sociales, sin ser estos dependientes.
  • También nos facilitará tener más autodeterminación, eligiendo qué queremos hacer y como lo podemos hacer, buscando recursos y soluciones para hacerlo. Sin caer en lo negativo ante un obstáculo, deberíamos pensar que todo tiene solución, aunque ésta no sea siempre la que más nos guste.
  • Y es que son momentos de reflexión y conocimiento de nosotros mismos, necesarios para encontrar tranquilidad, relajación, e incluso, seguridad en si mismo/a. puesto que a veces nos olvidamos de parar para poder seguir.
  • Instantes que sirven a la vez para darnos cuenta de lo que hacen por nosotros y como respondemos a ello. Porque, con frecuencia, vivimos sin pensar en el prójimo y en lo que nos aporta. Por eso es bueno mirar las cosas desde fuera de la situación, pero desde dentro de uno. Cogiendo oxigeno emocional para ver las situaciones de otra manera.

Así pues, la soledad en pequeñas dosis, puede ser un espacio de encuentro con uno mismo, de reflexión y oxigenación.

No veas siempre el lado negativo de la soledad, porque el mejor compañero de viaje es uno/a mismo/a.

 

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