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En estos días donde la confinación se hace imprescindible para preservar nuestras vidas y las de los demás del llamado COVID-19, se hacen visibles otras realidades en que, muchas veces, ni nos percatamos de que existen.

Pues, en nuestro frenético ritmo de vida, de la noche a la mañana, a habido un parón, un cambio radical. Nos vemos recomendados a estar, de momento 15 días, dentro de las 4 paredes de nuestra casa (esa que sólo casi vemos para dormir) y con nuestra familia (si, esa que muchos veis pocas horas al día y ahora se puede hacer una montaña estar tantas horas juntos).

Una realidad que para la mayoría esperamos que sea temporal, pero para muchas personas mayores o con discapacidad física y dependientes de terceros, esa es su cotidianidad, ya sea por falta de accesibilidad o por no disponer de asistencia personal. Pero no por ello son menos felices.

Eso nos puede llevar a reflexionar… ¿Dónde reside la felicidad? ¿Por qué siempre la buscamos fuera? ¿Y en verdad la encontramos? Quizás el hecho de estar confinados estos días, nos dé tiempo a pensar sobre todo ello y mucho más. Ya os digo que vale la pena.

Pero, lo más importante es preguntarse estos días: ¿Se puede ser activo/a sin salir de casa?

Por supuesto, se puede y se debe estar activo, no sólo por nuestra propia salud emocional sino por la salud de los que nos rodean.

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En el momento que nos bloqueamos, al romperse nuestra rutina y vemos que no podemos realizar las actividades diarias, se activan los mecanismos de defensa más primarios, que vale la pena, en la medida de lo posible, evitar. Éstos son:

  • El miedo,
  • La ansiedad,
  • Irritabilidad,
  • Mal humor,
  • Impotencia,
  • Tristeza…

Mecanismos que, sin darnos cuenta, nos pueden llevar a conductas compulsivas como: comer fuera de horas, mirar la televisión todo el día… Nada recomendable para nuestra salud física y psicológica.

Sabemos que todo cambio requiere de un proceso de adaptación, pero ese proceso también debe ser activo y voluntario para que sea eficaz. Es por eso que debemos cambiar la mirada y descubrir otros hábitos, otras maneras de hacer, de formarse, de trabajar o de relacionarse sin salir de casa. Nada permanente, por supuesto, dado que el equilibrio de la salud se encuentra entre el dentro y el fuera de la vivienda. Pero si que podemos aprovechar estos momentos para descubrir el día a día de algunas personas dependientes, para quienes esta confinación representa un día más en sus vidas, en muchas ocasiones ya sin caer en el lamento. Pues se puede ser feliz sea donde sea.

Para ello debemos crear nuevas rutinas como:

  • Pasar tiempo con la familia que tenemos en casa (recuperando el tiempo que no tenemos habitualmente).
  • Hacer actividades variadas dentro de casa, no centrarse en una concreta todo el día.
  • Mantenerse informado de la situación, pero puntualmente, no constantemente, para evitar ansiedad o preocupación excesiva.
  • Habilitar un pequeño espacio en casa para cada miembro. Todos necesitamos momentos de soledad que hay que respetar.
  • Asomarse a una ventana o balcón varias veces al día. Eso atenuará el cambio tan brusco y la sensación de aislamiento.
  • Y sobre todo, mantener el contacto social aprovechando las tecnologías.

Dado que, con una nueva rutina, reduciremos los mecanismos negativos al principio nombrados, contribuiremos a la reducción de la pandemia, recuperaremos momentos quizás perdidos en la vida actual y, por qué no, descubriremos que hay otra forma de vivir que, por suerte o por desgracia, bastantes personas con discapacidad dependiente se amoldan a esa cotidianidad casera.

Y es que nada es imposible, quédate en casa y, además de salvar tu vida y la de los demás, descubrirás otra realidad. Nada sucede sin un lado positivo, cógelo y aprovéchalo.

Aquí os dejo mi reflexión y quedo a vuestra disposición como psicóloga clínica y social.

Vanessa Fuentes

Psicóloga, integradora social, formadora y tecnopedagoga

Web PsicoVan: https://psicovan.es/

 

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