A veces me preguntan cómo puedo dar clases, formaciones o ponencias teniendo disartria. Es una pregunta que aparece más a menudo de lo que imagináis, lo que refleja una curiosidad por parte de la sociedad y, a la vez, una posible falta de visibilidad sobre cómo trabajamos muchas personas con diversidad funcional. Aunque lo primero que quiero dejar claro es que no soy ninguna excepción: hay profesores, doctorados y catedráticos con parálisis cerebral y disartria que enseñan, investigan y lideran proyectos cada día. La diversidad existe en los ámbitos, aunque no siempre se vea. Por eso hoy quiero contar cómo lo hago yo.

Pues bien, en las clases presenciales preparo la presentación en PowerPoint con toda la teoría y las explicaciones más largas. Ese discurso primero lo escribo, seguidamente lo convierto en síntesis de voz y coloco cada fragmento en su diapositiva correspondiente. Lo que me permite asegurar que la parte más teórica llega de forma clara. Mientras tanto, dinamizo la clase con mi propia voz. Aunque mi disartria pueda dificultar la comprensión en algunos momentos, la experiencia demuestra que, con contexto y paciencia, la mayoría de estudiantes me entienden sin problema, si me escuchan, claro. Y cuando hace falta, cuento con apoyo: una estudiante de prácticas o un acompañante que me traduce puntualmente. La clave está en la coordinación, la naturalidad y la comunicación abierta.

Por otra parte, en las ponencias y conferencias sigo un proceso parecido, pero adaptado al formato. Preparo la presentación, añado la síntesis de voz y convierto todo el contenido en vídeo para asegurar claridad y ritmo. Cuando llega el turno de preguntas, respondo mediante mi comunicador digital o con la ayuda de un compañero. Así puedo participar activamente en el diálogo sin que la disartria sea una barrera.

Explico todo esto porque es importante entender que la tecnología no es un lujo: es una herramienta de autonomía. Ya que cuando se quiere, se puede, siempre que existan apoyos, adaptaciones y voluntad de derribar prejuicios. La sociedad necesita saber cómo hacemos las cosas para dejar de asumir que no podemos hacerlas.

La diversidad enriquece y la accesibilidad transforma. Por eso, compartir nuestras estrategias es una forma de educar, sensibilizar y abrir caminos para otras personas. Porque cada persona tiene su manera de hacer, su forma de comunicarse y su forma de enseñar. Esta es la mía y quizás compartirla ayude a que otras personas encuentren la suya.


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