Llevo tiempo reflexionando sobre lo difícil que puede ser, para un joven o una persona adulta con una discapacidad de gran dependencia, acceder a un profesional de la psicología. No por falta de necesidad, sino porque la sobreprotección, tanto familiar como institucional, puede convertirse en una barrera real.
Cuando la dependencia se cruza con la sobreprotección
Las personas que dependen de terceros para realizar la mayoría de acciones cotidianas se encuentran, a menudo, atrapadas entre dos fuerzas: lo que desean hacer y lo que no se les permite hacer.
Y esta limitación no solo afecta a decisiones grandes, sino también a las más básicas del día a día:
- a qué hora levantarse,
- qué ropa ponerse,
- qué comer,
- con quién relacionarse,
- si estudiar o trabajar,
- o incluso si acudir a un psicólogo.
Son decisiones fundamentales para el desarrollo personal que, con frecuencia, quedan delegadas sin el consentimiento de la propia persona.
El impacto emocional de no poder decidir
Cuando alguien vive constantemente a merced de las decisiones de otros, es fácil que aparezcan emociones como: frustración, resignación o incluso depresión. No poder decidir sobre la propia vida desgasta, limita y duele.
Dependencia no significa renunciar a la autonomía
La dependencia es una condición, en canvio la sobreprotección es una elección. Cuando esa elección se convierte en un filtro que determina qué puede o no puede hacer una persona, estamos vulnerando su derecho a participar en su propia vida.
El papel de la psicología: abrir caminos accesibles
Quienes trabajamos fuera de instituciones tenemos la responsabilidad de buscar recursos y vías de acceso reales para que este colectivo pueda recibir apoyo psicológico si así lo desea.
Esto implica tener en cuenta las dificultades comunicativas, físicas, sensoriales o intelectuales que puedan coexistir, pero sin perder de vista algo esencial: todas las personas tienen derecho a expresar lo que sienten y a recibir acompañamiento emocional.
Accesibilidad también es esto
Para garantizar ese derecho, debemos habilitar canales fáciles y accesibles como:
- chat,
- mensajería,
- videollamadas adaptadas,
- apoyos visuales,
- SAAC,
- intérpretes, y cualquier recurso que facilite la comunicación.
Porque la salud mental no puede depender de la sobreprotección, sino de la voluntad de la persona.


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