A raíz de mi propia experiencia, me puse a investigar y encontré estudios que revelan que existe una causalidad entre una condición neurológica como la parálisis cerebral y algo tan cotidiano como el ciclo hormonal.
Es un vínculo que podría cambiar cómo entendemos una de las discapacidades más comunes de la infancia. Y aquí viene la pregunta que pone en jaque una definición médica fundamental, si la parálisis cerebral se considera no progresiva, vamos, que la lesión cerebral original no empeora. ¿Entonces, por qué la experiencia diaria de quienes la vivimos puede ser una auténtica montaña rusa? ¿Por qué cómo se comporta nuestro cuerpo puede cambiar tanto?

Y es que la clave está aquí. La definición oficial nos dice que la lesión es estática, que no se agrava. Es un evento que ocurre una vez y marca el punto de partida. Eso es lo que dice la teoría, pero en la realidad vivida… es cualquier cosa menos estática.
Resulta difícil de transmitir y entender, pero es como un flujo constante de síntomas: rigidez, dolor, espasmos… que varían en intensidad, no sólo de un día para otro, sino a veces de 1 hora para otra.

Bueno, pues para resolver este enigma, empecemos por enmarcar el problema central: esa contradicción tan clara entre una definición médica que habla de algo estático y una experiencia vital que es tremendamente dinámica. Las fuentes consultadas confirman que la causa raíz, es decir, la lesión es fija, pero los síntomas son variables, especialmente los movimientos involuntarios como la distonía. Esas contracciones musculares sostenidas… pueden cambiar de un momento a otro.

¿por qué pasa esto? Resulta que la clave de toda esta fluctuación podría estar en un proceso biológico y cíclico que hasta ahora se había ignorado bastante en el estudio de las condiciones neurológicas. En el ciclo menstrual, durante la ovulación, cuando el estradiol (hormona esteroidea sexual femenina) está en su punto más alto, los síntomas pueden mejorar de forma espectacular. Muchas lo podemos describir como un auténtico respiro, pero claro, en los días antes de la menstruación, con la caída hormonal todo empeora, dado que el cerebro se vuelve más excitable y los síntomas se disparan.

¿Vale, pero cómo es posible? ¿Cómo puede esta marea de hormonas redibujar los síntomas motores? Pues es pura neuroquímica. Todo se resume en el estrógeno (otra hormona) y su efecto sobre el sistema de dopamina que es un neurotransmisor.
Pensemos en los ganglios basales del cerebro como un filtro súper sofisticado. Su trabajo es dejar pasar los movimientos que queremos hacer y bloquear los que no. Cuando el estrógeno está alto, ese filtro funciona mucho mejor, permitiendo movimientos más suaves y frenando esas señales parásitas que provocan los espasmos. Vamos, es cuando nuestro cuerpo nos hace más caso.

Para entenderlo haré la analogía del velero: el sistema motor es el barco, la lesión cerebral son las rocas ocultas bajo el agua. ¿Y las hormonas? Las hormonas son la marea que, en la ovulación, cubre las rocas y facilita la navegación; y en la fase premenstrual, al bajar, deja las rocas expuestas y el viaje se vuelve difícil y doloroso.

Entender todo esto abre la puerta a nuevas formas de tratamiento mucho más personales. Ya no se trataría sólo de tómate esta pastilla, sino de crear una estrategia que se adapte al ritmo biológico único de cada persona. Las implicaciones son enormes: el tratamiento puede y debe adaptarse al ciclo lo que comportaría un cambio de paradigma.

En los estudios consultados he encontrado algunos casos prácticos. Por ejemplo, el de una mujer de 28 años con parálisis cerebral, atetosica, un tipo con muchos movimientos involuntarios, donde un tratamiento hormonal sencillo mejoró su calidad de vida hasta permitirle volver a hacer cosas como ir a clase.

Esta conexión entre hormonas y neurología en realidad nos está diciendo que hay que mirar más allá del diagnóstico principal en las condiciones crónicas, sobre todo cuando hablamos de la salud de las mujeres.

Las necesidades específicas de las mujeres a menudo son invisibles dentro de la neurología y por ende, desconocidas en la ginecología.

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Bibliografía consultada:


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